lunes, 6 de septiembre de 2010

Conociendo a los Maestros

Estimados Visitantes:

En esta nueva sección, vamos a conocer a uno de los maestros que estarán presente en el próximo Gran Torneo Internacional de Ajedrez que se viene, se trata de Horacio Saldaño Dayer, del cual sabremos gracias a una entrevista publicada por "Canchallena Ajedrez".
Espero les agrade.

Saludos!!


Esta es una historia a la que golpeó la fama, pero no guarda rencor familiar. A los parientes no se los elige; se convive con lo que hay. Avanza hacia un final con destino incierto con acordes de una melodía; no soy de aquí, ni soy de allá. No tiene hogar.
Ese joven, de cuerpo macizo, calvicie incipiente y gafas permanentes tiene 37 años y juega al ajedrez como un maestro. Arrastra el nombre y el apellido, homónimos de su progenitor, acaso, una de las máximas figuras del boxeo argentino: Horacio Saldaño, de 63.
Nacido en el barrio porteño de Monserrat el 16 de abril de 1973, el chico comenzó a pagar el precio de la convivencia con la fama; los compromisos de papá Horacio lo obligaban a estar alejado durante horas, días y semanas lejos de la casa. Transitaba por el esplendor de su carrera boxística y en diciembre de 1974 tuvo la gran chance de pelear por el título mundial frente a Mantequilla Nápoles. Una lesión previa no declarada, algunas presiones para no postergar el combate, la derrota inevitable y un posterior erróneo tratamiento de curación puso fin a la carrera del boxeador. Con la depresión del precipitado adiós, subordinó salud, fortuna y familia. Lo perdió todo.
Por ello, en 1996, Horacio Saldaño que ya contaba años hasta 23, se ahogaba en un mundo juvenil de frustraciones y prohibiciones; confundió deseo con deserción y abandonó lo poco que tenía. El tibio calor de un hogar junto a mamá Norma. Su papá Horacio tenía otras preocupaciones como para seguir a un chico con ganas de triunfar al ajedrez.
"No sé bien lo que me pasaba pero quería irme, viajar a Europa. Creo que el ajedrez era la escusa, no tenía ni antecedentes ni un gran nivel, pero sabía que en España podía intentarlo y si no resultaba la experiencia me iba a permitir descubrir otras cosas".
¿Ibas dispuesto a hacer cualquier cosa?
-Bueno, dicho sanamente. era muy joven, me fui y me encontré con amigos de acá. Salíamos de noche juntos y nos divertíamos. Yo era un poco el más zafado del grupo y en las discotecas la pasábamos bárbaro. Nos reíamos muchos y tengo anécdotas para escribir un libro (risas).
-¿Y el ajedrez?
Y. de pronto se dio todo junto. Conocí una chica, nos casamos, nos fuimos a vivir a Albacete y de pronto me di cuenta que lo único que sabía hacer bien era jugar al ajedrez, así que lo intenté. Tal vez por el ambiente nuevo y las condiciones de los torneos comencé a jugar cada día mejor, gané algunos buenos premios en efectivo y hasta me animé a dar clases de ajedrez. Después tuve un lógico bajón pero en 2000 repunté y logré el título de maestro internacional.
¿Así conseguiste afirmarte desde lo afectivo en lo deportivo?
Y.más o menos.la convivencia con los años se fue desgastando y en un momento decidimos cada uno seguir su vida. Yo seguí aferrado al ajedrez recorrí toda España, todas sus comunidades y provincias más los viajes a Alemania, Grecia, Italia y Francia. Tuve la suerte de jugar con verdaderos top, como el indio Anand, el español Shirov, el ruso Dreev; acordar tablas con el holandés Loeck van Wely o ganarle a Julio Granda. Alcancé un Elo respetable de 2400 y pico, y así seguí descubriendo cosas nuevas.
Una vez que el corazón se hizo cicatriz Horacio Saldaño intentó nuevamente regar el romance; su nueva pareja fue una chica brasileña por la que se animó a cruzar nuevamente el Atlántico y afincarse en Brasil. Pero la nueva relación bailó al ritmo de los boleros, con dulces inquietudes y amargos desencantos.
"Si aquello también se terminó pese a que me sentía muy cómodo de vivir en Brasil, me gustaba la gente, la idiosincrasia, la buena onda. Así que sin otras opciones regrersé a la Argentina".
Ya llevas casi 8 meses en el país, ¿con qué te encontraste?
- Sinceramente veo todo como antes pero ahora más viejo. Creo que es la mejor manera de definirlo. Tal vez lo más alarmante sea la caída del nivel cultural de las gentes. La educación es un problema serio. Yo no añoraba Buenos Aires, porque siempre me sentí fuera del sistema, no me gustan las grandes ciudades salvo París que creo junto a Granda son los puntos más bellos que recorrí y en los que me podría quedar a vivir.
- ¿Y el nivel de nuestro ajedrez, cómo lo ves?
- Tengo que ser cuidadoso porque hay muchos amigos, pero la verdad es que si bien yo jugaba en el Club Jaque Mate, cuando venías al Argentino acá jugaba El Viejo (Najdorf), estaba Panno, Rubinetti, Zarnicki, Spangenberg, Quinteros, Ricardi. Estaban los mejores, ahora todo eso se terminó y están faltando los referentes.
-Hay muchas causas para comprender ese retroceso
- Sí estoy al tanto de muchas cosas, pero casi milagrosamente se puede decir que siguen surgiendo chicos muy jóvenes con un talento bárbaro. Jugué varios torneos y me di cuenta de ese nivel de fuerza y sus cualidades. Damián Lemos fue uno de los que más me impresionó y ahora en el Abierto Simón Bolívar descubro cada tarde, mientras observo las partidas como luchan varios chicos y cuánto afán de superación tienen. Eso es muy importante y es fantástico entonces que sucedan estos torneos para que la actividad continúe.
- ¿Y cuáles serán tus próximos pasos dentro y fuera del tablero?
- No lo sé; tal vez este año siga jugando por acá. Ahora estoy en pareja y el ajedrez me sigue gustando porque lo disfruto, me gusta jugarlo, no me pongo presiones de llegar al título de gran maestro o cosas por el estilo. Tal vez subir un poco el Elo (ranking del los ajedrecistas), pero nada más. Seguiré buscando un lugar donde pueda vivir con la tranquilidad junto a los afectos que quiero.
Horacio Saldaño Dayer (el apellido materno) deambula como un anónimo por las calles de Buenos Aires. Reflotando recuerdos de su infancia, de su etapa escolar en el Colegio Ricardo Gutiérrez, cuando a los 11 descubrió el ajedrez. "En la escuela había un taller de ajedrez y los que jugaban bien zafaban de las horas de matemáticas y lenguaje. No tuve que pensarlo mucho, mi pasión por el ajedrez creo que nació por conveniencia (risas)".
En tanto su mente sigue descifrando las nuevas celadas frente al tablero, su corazón vive una nueva primavera y palpita con mayor fuerza, acaso la necesaria para que su cuerpo y sentidos descubran un nuevo sitio para seguir la aventura de la vida. Aquí o allá pero con las ganas y necesidades de siempre; las de vivir bajo el calor de un hogar; rodeado de afecto. Sin duda la mejor jugada.

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